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Cuatro Países, Una Persona: Latinos Four Countries One People: Latinos

En el Quadrangle, nos empeñamos en tener un personal representativo a la comunidad.

El hecho de que la universidad de Manhattan tenga suficiente diversidad es otro tema, pero lo que es seguro es que el Quadrangle va por buen camino.

Anthony Capote, Victoria Hernández, Daniel Molina y Daniel Ynfante son miembros de la junta editorial quienes vienen de cuatro distintos países latino americanos y comparten las mismas experiencias como hispanos.

Aquí están sus historias.

At the Quadrangle, we strive to have a staff representative of the community.

Whether or not Manhattan College is diverse enough is a separate topic, but what is certain is that the Quadrangle is well on its way to correcting that issue. 

Anthony Capote, Victoria Hernández, Daniel Molina and Daniel Ynfante are members of the editorial board who come from four different Latin American countries and share the same experiences as Hispanics.

Here are their stories.

Anthony Capote, Cubano

Anthony Capote - Diversity Issue

Me llamo Anthony Capote, yo nací en Miami.

Miami es un pueblo adonde yo nunca tenía problemas para encontrar a otros cubanos. Los cubanos viven en todas las partes de Miami y honestamente, eso es malísimo.

Al ser la mayoría en Miami, la voz de los cubanos es la única voz en el pueblo y ellos tienen todo el poder.

Mi vida entera, he querido tener otras experiencias.

Yo creo en el viejo dicho que dice “ser cubano es un orgullo”. Me siento bien orgulloso de ser cubano, pero yo quería tener una experiencia diferente a la de todos mis primos y mi mama.

Por eso, yo estoy aquí, en la universidad de Manhattan, donde me siento por primera vez que soy la minoría.

Bien rápido entendí que la vida en Miami es mucho más fácil para los Latinos.

Todo en Miami está escrito en ambos idiomas, inglés y español, y la gente que viene de otros países—no sola Cuba pero la República Dominicana y los países de América del Sur—pueden pasar sus vidas entera sin aprender inglés.

Pero eso no es una buena vida.

Aquí en Nueva York, los inmigrantes necesitan acostumbrarse a la vida Americana y las cosas pueden ser bien difíciles, pero cuando uno aprende a vivir en esta cultura, las cosas buenas si vienen.

Tenemos otro dicho en Cuba, “que los cubanos se encuentran”. Eso es para decir que cuando no hay mucha gente como tú, tú construyas una amistad con tus compadres.

En Miami mis compadres eran otros cubanos, y mejor todavía si todos mis amigos cubanos venían de Matanzas como mi familia. Aquí en MC, mis compadres son otros latinos.

No hay divisiones, como en Miami adonde los dominicanos quedaron con los dominicanos y los mexicanos con los mexicanos.

Aquí, nosotros todos somos minorías y nos cuidamos.

Para concluir, mi último dicho cubano: “las cosas no son fácil”. Es verdad, pero con buen amigos y con la amistad, las cosas son posibles.

My name is Anthony Capote and I am a Cuban from Miami. 

Miami is a place where it was never hard to find other Cubans. We lived in every part of the city, and to be honest, it was horrible.

The Cuban voice was often the only voice heard in the city and for a long time, I wanted to experience something else. 

I believe in the old Cuban saying, “to be Cuban is a pride.” I am very proud to be Cuban but I wanted to know something other than my cousins and mother had.

For that reason, I am here, at Manhattan College, where I feel for the first time in my life that I am a minority.

I learned very quickly how easy life had really been for Latinos in Miami.

There, everything was in English and in Spanish. People that emigrated from other countries—not just Cuba but the Dominican Republic and South American countries as well—can spend an entire lifetime without learning English.

But that is not a good enough life.

In New York, immigrants are forced to become accustomed to the American way of life and things can be very difficult, but when someone learns how to live in this culture, good things come. 

We have another saying in Cuba, “Cubans find each other.” That is to say that when there many people like you, you build friendships with people of the same culture and heritage.

 In Miami those people were all Cubans, and even better that all my Cuban friends came from Matanzas, the same province as my family. Here at MC, my kin are the other Latinos.

There are no divisions like in Miami where Dominicans stayed with Dominicans and Mexicans with Mexicans.

Here, we are all minorities and we take care of each other.

I’ll conclude with my last Cuban saying: things in life aren’t easy. That is true, but with good friends, and family, the things in life are possible.

Victoria L. Hernández, Puertorriqueña

Victoria Hernandez - Diversity Issue

A mis 17 años, tomé una de las decisiones más grandes en mi vida: salir de mi zona de confort.

Deseosa de vivir lo que por mucho tiempo consideré un sueño, me atreví a dar el salto y dejé el calor de mi isla y lo más importante para mí, mi familia, para ir tras mis sueños en Nueva York.

La oportunidad que tuve de venir a los Estados Unidos, la conseguí luego de noches sin dormir, arduo trabajo y sobre todo, el apoyo de quienes creyeron en mí.

La universidad de Manhattan es todo lo que esperé y más. Mi escuela superior, al igual que nuestra universidad, es lasallista por lo que los valores de fe, fraternidad y servicio siempre han estado bien inculcados en mí.

Al llegar, pude recibir la cálida bienvenida de distintos grupos en el campus y sobre todo, de los profesores. Rápidamente, me envolví en distintas actividades y comencé a hacer amistades que sin duda, han sido parte clave de mi travesía.

Cada día en Manhattan es un reto. No tan solo por las diferencias obvias sino por que a diario, se me presentan situaciones en las cuales me toca decidir qué camino tomar, y esto me ha ayudado a desarrollarme mejor tanto en el ámbito profesional como en el personal.

Considero que Manhattan al estar situado en Nueva York es un campus bastante diverso.

He conocido personas de distintas partes del mundo, que hablan diferentes idiomas pero sobre todo, con distintos ideales y creencias a las mías.

Considero esto fascinante pues me motiva a reflexionar sobre mis convicciones y me obliga a estar en la constante búsqueda de quién soy en realidad, que es lo que considero pertinente a esta etapa universitaria.

En New York he encontrado un segundo hogar porque Puerto Rico, “la isla del encanto”, siempre será mi patria, mi paraíso, claro está.

At 17 years old, I made one of the biggest decisions of my life: to leave my comfort zone.

Desirous of living what for many years I considered a dream, I dared to make the jump and left the warmth of my island and the most important thing for me, my family, in order to go after my dreams in New York.

The opportunity I had of coming to the United States, I obtained after many sleepless nights, arduous work and most importantly, through the support of those who believed in me.

Manhattan College is everything I thought it would be and more. My high school, along with our college, is Lasallian, meaning that the values of faith, solidarity and service have always been instilled in me.

Arriving, I was able to receive the warm welcome of various groups on campus, and more importantly, of the professors. Quickly, I involved myself in several activities and began to build friendships that without a doubt have been a key part of my journey.

Every day in MC is a challenge. Not only because of the obvious difference but because daily, I’m faced with situations where I have to decide which path to take, and this has helped me better develop professionally and personally.

I believe that MC, being in New York, is a pretty diverse campus. I’ve met people from different parts of the world, who talk different languages but most importantly, have different ideals and beliefs than me.

I consider this fascinating because it motivates me to reflect on my convictions and it forces me to be on the constant search for who I really am, which is what I consider pertinent at this stage in college.

In New York, I’ve found a second home because Puerto Rico, “la isla del encanto,” will always be my homeland, my paradise and that is clear.

Daniel Molina, Mexican

Daniel Molina - Diversity Issue

Como dice mi papá: lo que enriquece a las sociedades son los choques culturales.

Hasta la fecha hay días que me pregunto que hace un chico de 18 años, solo, por las calles de Nueva York. A base de tiempo y separación uno aprende a no ser un extraño en medio de una multitud que piensa y actúa de manera tan distinta a la de uno.

Pasé un año de mi vida en Francia y ahora que estoy en la universidad de Manhattan me doy cuenta que extrañar el hogar es lo más sano que le puede pasar a alguien.

He aprendido a ser un experto conocedor de gente y a valorar el hecho que tengo una familia que me espera en México.

A leer, escribir, y pensar en tres idiomas. Entender la manera de actuar de culturas totalmente distintas y, con esto, crecer día con día como persona.

En la universidad de Manhattan hay una comunidad diversa de personas con historias totalmente distintas que interactúan día con día en clases, clubes, actividades y trabajos. Por esto mismo me he sentido como en casa desde el momento en que llegué.

Con mucho gusto compartí con mi familia al regresar a casa que había tomado clases con compañeros vietnamitas, trabajado en El Quadrangle con boricuas y cubanos, y mis mejores amigos eran de distintos lugares de Estados Unidos.

Si alguien se ríe de tu acento, confundes una palabra con otra, o tienes hábitos distintos a los de la gente que te rodea, eso vale mucho más de lo que crees.

En un mundo como el de ahora, saber vivir y convivir con gente tan distinta es, sin duda, una de las mejores que puedes ofrecer a alguien que, en un futuro, pueda estar interesado en ti.

Like my dad says: What enriches a society is a culture shock.

Today, I still wonder what an 18-year-old kid, alone, is doing around the streets of New York City. Due to time and distance, a person starts to learn how not to be a stranger among a crowd that thinks and acts in a very different manner than theirs.

I spent one year of my life in France and, now that I am in Manhattan College, I realize that missing home is the healthiest thing that can happen to someone. 

I have learned to be an expert people-knower and value the fact that I have a family that waits for me in Mexico; to write, read and think in three different languages. Also, to understand the way different cultures act and, with this, grow each day as a person.

In Manhattan College there is a diverse community with completely different stories that interact day by day in classes, clubs, activities and work. Because of this, I have felt at home since the moment I arrived here.

I shared with my family the moment I went back home that I had taken classes with Vietnamese students, worked in The Quadrangle with Puerto-Ricans and Cubans, and my best friends came from different parts of the United States.

If someone makes fun of your accent, you accidentally mistake one word with another one, or you have different habits than the ones that people around you have, that is much more valuable than what you think.

In a world like today’s, knowing how to live and coexist with different people is, without a question, one of the better things you are able to offer to someone that, in a future, might be interested in working with you.

Daniel Ynfante, Dominicano

Daniel Ynfante - Diversity Issue

En el 27 de agosto del 2013, en mi segundo día como estudiante de la universidad, me senté entre otros 14 alumnos en una clase donde yo era uno de solo dos minorías en la aula entera.

Fue en ese momento que recibí una llamada de atención. Aunque técnicamente estaba en el Bronx, en realidad no se sintió de esa manera.

Como un dominicano-americano que creció en el sur del Bronx, yo casi nunca había estado alrededor de tantos caucásicos en mi vida entera. Mi secundaria era mayormente dominicana, puertorriqueña y afro-americana y con la excepción de algunos maestros en la secundaria y algunas personas que me había encontrado en bajo-Manhattan, ni siquiera había pasado tiempo con un caucásico.

La universidad de Manhattan, aunque estaba en mi condado y en carro solo estaba a 20 minutos de mi casa era un mundo completamente diferente para mí.

Dolió cuando en febrero de mi primer año no vi en ninguna parte del campus un aviso de que era mes de la independencia dominicana. Todavía duele. Me siento como que me están subestimando.

Pero supe en lo que me estaba metiendo cuando apliqué.

Supe que iría a una escuela que aunque estaba situada en el Bronx, una área predominantemente afro-americana o hispana, yo estaría viendo pocas personas que se parecían o hablaban como yo.

Eso ha sido el caso, pero he quedado un poco sorprendido con lo que he visto en mis dos años en la universidad de Manhattan.

Ahora, no estoy diciendo que esta escuela ejemplifique la diversidad, pero si he visto una cantidad decente de hispanos, afro-americanos y asiáticos. Esto ha sido especialmente evidente en algunas de mis clases de español que han sido mayormente hispanas.

Caminando por el campus, claro, casi solo veo caucásicos, pero siempre es satisfaciente ver algunos hispanos, algunos asiáticos o algunos afro-americanos.

Pero mientras si he visto algunos, eso de ninguna manera significa que la demografía de la escuela se acerca a diversa.

Como una escuela en el Bronx, la universidad de Manhattan tiene que luchar por tener una representación similar a la del área.

Es obvio que va a ser casi imposible poder igualar el casi 90 por ciento de minorías que conforman el Bronx, como señala el último Censo de los Estados Unidos. Sin embargo, eso no quiere decir que la universidad de Manhattan debiera estar conforme con el 29 por ciento que actualmente despliega.

Lo único que quiero es poder sentirme como que estoy en el Bronx cuando estoy en la universidad de Manhattan, porque por ahora, nunca me he sentido de esa manera.

On Aug. 27, 2013, on my second day as a college student, I sat down in a class among 14 other students as one of only two minorities in the entire room. 

It was at that moment that I received a wakeup call. Although I was technically in the Bronx, it certainly did not feel that way.

As a Dominican-American growing up in the South Bronx, I had rarely been around Caucasians in my entire life. My high school was mostly Dominican, Puerto Rican and African American, and with the exception of a few teachers in high school and some people I would run into in downtown Manhattan, I had never even hung out with a Caucasian. 

Manhattan College, although it was in my borough and was only a 20-minute drive away from home, was a completely new world to me.

It hurt when in February of my freshman year, I saw no mention anywhere on campus that it was Dominican Independence Month. It still hurts. I feel like I’m being overlooked.

But I knew what I was getting myself into when I applied.

I knew I would be going to a school that although was situated in the Bronx, an area predominantly African American and Hispanic, I would be seeing very few people that looked and spoke like me.

That has been the case, but I’ve actually been surprised with what I’ve seen in my two years at Manhattan College.

Now, I’m not saying that this school exemplifies diversity, but I have seen a decent amount of Hispanics, African Americans and Asians. This has been especially clear in some of my Spanish classes, which have been mostly Hispanic.

Walking around campus, of course, I mostly see Caucasians, but it is always satisfying to see some Hispanics, some Asians, or some African-Americans.

But while I have seen some, that in no way means that the school’s demographics are nearly diverse.

As a school in the Bronx, Manhattan College must strive to have a similar representation to the area.

It is obvious that it will be close to impossible to match the almost 90 percent of minorities that make up the Bronx, as the latest U.S. Census points out. However, that doesn’t mean Manhattan College should be content with the 29 percent it currently displays.

All I want is to be able to feel like I’m in the Bronx when I’m in Manhattan College, because so far, I’ve never felt that way.

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